CAPÍTULO 19
EL BUEN DUEÑO DE CASA
Apartarse uno de los efectos desastrosos de la vida, en estos
tiempos tenebrosos, ciertamente es muy difícil pero indispensable, de otro modo
es devorado por la vida.
Cualquier trabajo que uno haga sobre sí mismos con el
propósito de lograr un desarrollo anímico y espiritual, se relaciona siempre con
el aislamiento -muy bien entendido- pues bajo la influencia de la vida tal como
siempre la vivimos, no es posible desarrollar otra cosa que la personalidad.
En modo alguno intentamos oponernos al desarrollo de la
personalidad, obviamente ésta es necesaria en la existencia, más ciertamente es
algo meramente artificial, no es lo verdadero, lo real en nosotros.
Si el pobre mamífero intelectual equivocadamente llamado
hombre no se aísla, sino que se identifica con todos los suceso de la vida
práctica y derrocha sus fuerzas en emociones negativas y en auto-consideraciones
personales y en vana palabrería insubstancial de charla ambigua, nada
edificante, ningún elemento real puede desarrollarse en él fuera de lo que
pertenece al mundo de la mecanicidad.
Ciertamente quien quiera de verdad lograr en sí el desarrollo
de la Esencia, debe llegar a estar herméticamente cerrado. Esto se refiere a
algo íntimo estrechamente relacionado con el silencio.
La frase viene de los antiguos tiempos, cuando se enseñaba
secretamente una Doctrina sobre el desarrollo interior del hombre vinculada con
el nombre de Hermes.
Si uno quiere que algo real crezca en su interior, es claro
que debe evitar el escape de sus energías psíquicas.
Cuando uno tiene escapes de energía y no está aislado en su
intimidad, es incuestionable que no podrá lograr el desarrollo de algo real en
su Psiquis.
La vida ordinaria común y corriente quiere devorarnos
implacablemente; nosotros debemos luchar contra la vida diariamente, debemos
aprender a nadar contra la corriente...
Este trabajo va en contra de la vida, se trata de algo muy
distinto a lo de todos los días y que sin embargo debemos practicar de instante
en instante; quiero referirme a la Revolución de la Conciencia.
Es evidente que si nuestra actitud hacia la vida diaria es
fundamentalmente equivocada; si creemos que todo debe marcharnos bien, así por
que sí, vendrán los desengaños...
Las gentes quieren que las cosas les salgan bien, «Así por
que sí», porque todo debe marchar de acuerdo con sus planes, más la cruda
realidad es diferente, en tanto uno no cambie interiormente, gústele o no le
guste será siempre víctima de las circunstancias.
Se dice y se escribe sobre la vida, muchas estupideces
sentimentales, más este tratado de Psicología Revolucionaria es diferente.
Esta doctrina va al grano, a los hechos concretos, claros y
definitivos; afirma enfáticamente que el Animal Intelectual equivocadamente
llamado hombre, es un bípedo mecánico, inconsciente, dormido.
El «Buen dueño de casa» jamás aceptaría la Psicología
Revolucionaría; cumple con todos sus deberes como padre, como esposo, etc., y
por ello piensa de sí mismo lo mejor. Empero, sólo sirve a los fines de la
naturaleza y eso es todo.
Por oposición diremos que también existe «El buen dueño de
casa» que nada contra la corriente, que no quiere dejarse devorar por la vida;
empero, estos sujetos son muy escasos en el mundo, no abundan nunca.
Cuando uno piensa de acuerdo con las ideas de este Tratado de
Psicología Revolucionaria, obtiene una correcta visión de la vida.